¿Es Tesla una empresa sostenible?

Esta semana hemos sabido que la SEC ha obligado a Elon Musk, ahora expresidente de TESLA, a dimitir de su cargo tras una acusación de fraude. La buena noticia para los seguidores de este innovador es que al menos podrá seguir de CEO.

La figura de Elon Musk es un referente para muchos emprendedores. Es un líder, un visionario. No se puede decir que levantara su imperio de la nada, pero sí ha construido sus empresas (Tesla, SpaceX o Solarcity) bajo un punto de vista totalmente innovador en muchos de sus aspectos. En el económico también.

La estrategia tradicional de cualquier empresa, cotizada o no, consiste en conseguir beneficios netos. Esto es, generar ingresos, deducir los costes de explotación, luego los operativos, y finalmente otros tipos de costes no asociados tan puramente al negocio como son amortizaciones o costes financieros. Después de todas estas partidas obtenemos un Beneficio Neto que es el que nuestros accionistas miran (porque de éstos se reparten los dividendos) y por el que se nos valora en el mercado.

Obviamente Tesla, al ser una empresa cotizada, tiene la misma estructura, pero con algunas peculiaridades… Echemos un vistazo

Tesla al detalle

Si miramos la estructura de ingresos Tesla es una empresa espectacular en pura fase de crecimiento. Del 2016 al 2017 las ventas aumentaron en $2.950 millones, principalmente por las ventas del Model X y el Model S. El incremento de los sistemas de almacenamiento y energía solar también es increíble, un 515% y es debido en gran parte a la integración que se hizo de SolarCity en la empresa.

Modelos de negocio Tesla

A la hora de analizar la evolución de los costes la cosa cambia. Si bien la empresa consigue tener un buen margen bruto, 23%, éste es decreciente año a año. La cosa se complica aún más cuando empezamos a considerar cuánto cuesta la estructura de Musk. Los costes generales y administrativos suponen $2.500 millones y gastan $470 millones en pagos de intereses de deuda. Los gastos de I+D ascienden a $1.378 millones, un 12% de los ingresos. Quizá para los que no estéis muy familiarizados con el análisis de cuentas, esta cifra no os impresione, pero para daros un orden de magnitud, BMW gastó 6 mil millones de euros, mientras que tuvo unos ingresos de 98 mil millones de euros. Es decir, su gasto en I+D supuso 6% de sus ingresos, la mitad.

Como resultado de lo anterior, en su parte operativa Tesla perdió casi 750 millones de dólares en 2016 y 2.220 millones de dólares en 2017. Otras empresas, como BMW, a pesar de tener un margen bruto menor (BMW 20.2% vs Tesla 23%), consiguen tener una estructura de costes generales y de inversión muchísimo más eficiente terminando sus ejercicios fiscales con resultados positivos. Siguiendo con la comparativa, BMW terminó su ejercicio con beneficios netos de 8.700 millones de euros, un 8,8%.

 

¿Es este modelo sostenible para Tesla?

La gran diferencia entre Tesla y sus competidores es su gran espíritu innovador. Lejos de una estructura tradicional, Musk busca innovar en todas sus formas de gestionar, teniendo en muchos casos aciertos, pero también muchos errores. Musk ha revolucionado el mercado, ha puesto presión sobre los productores creando una demanda de coches eléctricos que antes de su llegada prácticamente no existía. Su aportación al sector es indudable.

La duda ahora es si el hecho de llegar antes le dará la ventaja suficiente como para copar el mercado y ganar ventaja competitiva. Empresas como BMW ya venden coches eléctricos en más de 70 países y gozan de una estructura a la que Tesla no puede acceder. Además, estas empresas se apoyan en sus ingresos de negocios tradicionales para invertir en nuevas tecnologías sin lastrar demasiado su propia empresa. Tesla no tiene esos recursos.

Musk goza de la ventaja del primero, del amor al riesgo y de ser un trabajador incansable, pero tiene que conseguir resultados sostenibles a largo plazo. Con sus números actuales su permanencia en bolsa corre peligro y los inversores empiezan a mirarle con recelo. También empieza a pesar sobre él la duda del “gran líder”. En un mundo donde las industrias se lideran por ejecutivos expertos en formas de gestión, la llegada de un perfil como el de Musk puede ser revolucionaria, pero en ocasiones no es sostenible a largo plazo. Algunos, como sugiere Harvard Business Review, creen que lo que Tesla necesita es un CEO que gestione la empresa con una estructura racional y coherente.

¿Conseguirá Musk sostener su castillo de naipes?